En Colombia, cuidar un perro o un gato ya no significa solo comprar concentrado y ponerle vacunas de vez en cuando. Detrás de la relación cada vez más cercana entre las familias y sus mascotas, se ha ido formando un mercado más amplio, más técnico y más costoso: el de medicamentos, productos veterinarios, procedimientos clínicos y tratamientos especializados para animales de compañía.
Ese cambio no es menor. De acuerdo con cifras atribuidas al Dane, cerca del 67 % de los hogares colombianos tiene al menos una mascota; es decir, dos de cada tres. Además, según una proyección de Euromonitor citada en reportes sectoriales, el gasto total en mascotas en Colombia llegaría a $6,1 billones en 2026.
Aunque esa cifra abarca alimentación, accesorios y servicios, también ayuda a mostrar que el cuidado animal dejó de ser un gasto marginal y se convirtió en un motor de consumo cada vez más visible.

En esa transformación encaja la historia de Milena Rodríguez, una estudiante que convive con seis animales: cinco gatos —Ruca, Negra, Niña, Mono y Pepe— y un perro llamado Tony. Su caso muestra cómo el cuidado de una mascota dejó de ser un gasto ocasional para convertirse en un rubro fijo del hogar.
En cuatro de sus gatos ha tenido que gastar cerca de $100.000 por cada esterilización, mientras que en Negra la cifra subió a $300.000 entre la cirugía y un procedimiento por complicaciones reproductivas.

Con Tony, el gasto ha sido aún mayor: $200.000 en una radiografía por displasia de cadera, $680.000 por la extracción de un tumor y $230.000 en exámenes de laboratorio para descartar cáncer.
Las cifras del Dane indican que los servicios de veterinaria y de cuidado, alojamiento, entrenamiento, paseadores de perros y colegios para mascotas se están encareciendo más rápido que la inflación. En el año terminado en febrero de 2026, toda la canasta familiar subió 5,29 % y dichos servicios 9,72 %.
No obstante, los productos de veterinaria, artículos para el cuidado e higiene (shampoo, jabón, desodorantes) y accesorios para mascotas (collares, perreras, jaulas y otros) suben a un ritmo más lento: 4,99 % anual en febrero.

A eso se suma otro dato de fondo: este ya no es un mercado improvisado. El Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) regula en Colombia el registro de medicamentos y biológicos de uso veterinario, así como su producción, control de calidad, comercialización, importación y uso.
También administra el Sistema Nacional de Farmacovigilancia. En otras palabras, detrás del gasto cotidiano de los hogares existe ya una estructura formal de vigilancia sanitaria y regulación del mercado.

Milena dice que lo que más le sorprendió no fue solo el costo, sino descubrir que existe “todo un universo” de productos y tratamientos para animales.
“Uno cree que tener un perro o un gato es darles comida y ya, pero después aparecen los exámenes, las pastillas, los baños especiales, los suplementos, las pulgas, las urgencias… y uno entiende que esto mueve mucha plata”.

Eso significa que detrás de una fórmula para un perro con problemas gastrointestinales o de un medicamento para una infección felina hay una industria completa de registros, laboratorios, distribuidores y comercializadores autorizados.
Para Milena, todo eso se volvió evidente a punta de experiencia. Sus gatos, muchos de ellos rescatados o regalados, requieren desparasitación, baños, tratamientos para pulgas y controles básicos.
Su perro Tony, en cambio, concentra el mayor gasto médico. A las radiografías, la cirugía y los exámenes se suman las visitas de urgencias por sangrados inusuales y una dieta especial que le cuesta alrededor de $200.000 al mes, además de suplementos.

Milena, de hecho, le paga un seguro de vida a Tony. Y cuando se le pregunta si alguna vez ha pensado en dejar de hacer alguno de esos gastos, responde que no. “Si tengo que sacrificar otra cosa, lo hago. Con tal de que ellos estén bien”.
El Dane ofrece otra pista de ese cambio. Según cifras citadas desde esa fuente, un hogar colombiano puede destinar entre $100.000 y $300.000 mensuales al cuidado de su mascota, principalmente en alimentación, consultas veterinarias y accesorios.
Y, además, el gasto en productos y servicios para mascotas ha mostrado incrementos superiores al 15 % en los últimos dos años, impulsado por el mayor interés en productos premium y por la inflación en rubros asociados al cuidado animal.
El dinamismo del sector también se refleja en la expansión de sus jugadores. Uno de ellos es Laika, empresa de comercio especializado en mascotas, que proyecta crecer 40 % en 2026, tras varios años de aumentos superiores al 30 %, y prevé ampliar su red de 21 tiendas físicas en Colombia con otras 15 aperturas este año.
Esto significa que el cuidado de perros y gatos ya impulsa una cadena económica más amplia, que va desde la salud animal hasta el comercio especializado.

“Siempre aparece algo”, dice. “Si no es una pastilla, es una revisión; si no es una revisión, es la comida especial; si no, una urgencia. Y uno termina pagando porque son parte de la familia”.
Ahí está uno de los giros más importantes de esta historia. El crecimiento del sector farmacéutico para mascotas no se explica solo porque haya más productos disponibles.
También se explica porque cambió el lugar que ocupan los animales en los hogares. Ya no son vistos únicamente como compañía, sino como miembros de la familia por los que vale la pena hacer exámenes, pagar procedimientos, comprar suplementos o incluso asumir un seguro.

A eso se añade otra señal de consumo. Datos de Puntos Colombia muestran que, a julio de 2025, las ventas de la categoría de mascotas crecieron 11 % frente al mismo periodo de 2024, y que en lo corrido del año sus usuarios habían ahorrado más de $578 millones en productos y servicios para mascotas mediante redención de puntos.
Eso refuerza la idea de que la economía del cuidado animal ya no se reduce a una compra ocasional en una veterinaria. Se ha convertido en una cadena de consumo más amplia, en la que conviven productos farmacéuticos, diagnósticos, servicios clínicos, tratamientos preventivos y cuidados complementarios.
Milena lo vive todos los meses. Entre esterilizaciones, exámenes, urgencias, alimentos especiales, desparasitación y medicamentos, cuidar a seis animales exige tiempo, plata y disposición para responder. No siempre es fácil. Pero tampoco, para ella, es negociable.

Y ahí está el corazón económico del asunto: querer a un perro o a un gato ya no solo implica afecto. Implica entrar, muchas veces sin saberlo al principio, en una gigante economía del cuidado animal.
