Tuvo que ocurrir la tragedia del avión Hércules C-130 de la Fuerza Aérea, que dejó 69 muertos y más de 40 heridos, para que el país volcara sus ojos a Puerto Leguízamo, en Putumayo, y comprendiera que existe en el mapa. Y que sus más de 30.000 habitantes, todos de escasos recursos económicos y dependientes exclusivamente de la economía de la coca, siguen esperando la promesa de vivir sabroso de la que hablaron Francia Márquez y Gustavo Petro.
Puerto Leguízamo sigue convertido en un caserío leal al petrismo. El Pacto Histórico se convirtió en la fuerza política más votada al Senado en las elecciones del pasado 8 de marzo. Al menos 1.053 personas acudieron a las urnas a respaldar la lista cerrada al Congreso. Otras 847 lo hicieron por el Partido Liberal, 503 por el Centro Democrático y 288 votos por La U. Y solamente en Putumayo, 43.348 respaldaron la lista al Senado del Pacto. Petro, en la segunda vuelta presidencial de 2022, ganó con 3.161 votos frente a Rodolfo Hernández, quien consiguió 2.657.


Aun así, la mano de Petro no ha llegado a Puerto Leguízamo. Ni siquiera a la pista de aterrizaje, cuyo estado desnudó Carlos Arbey Claros, el secretario de Gobierno y encargado de las operaciones aéreas. Tiene una extensión de 1.200 metros y, según expertos, debería tener mínimo 2.000 para que puedan aterrizar aeronaves como los Hércules, de gran tamaño y con capacidad para transportar a más de 100 pasajeros. No está señalizada y, para rematar, tampoco tiene cerramiento.

Hace un mes, 300 vacas aprovecharon que un broche estaba abierto en una finca vecina a la pista e invadieron el aeropuerto. La escena fue noticia en el caserío. Por fortuna –explicó Claros–, ocurrió un domingo, el único día en el que Satena –la única aerolínea que llega al municipio con un vuelo diario– no opera. De lo contrario, habría generado una tragedia.
La Aeronáutica Civil, en el Gobierno Petro, no ha tomado medidas, pese a que desde la Alcaldía de Puerto Leguízamo, hoy en cabeza de Luis Emilio Bustos, han pedido el cerramiento del aeropuerto. “Si el Gobierno nacional quisiera ampliar la pista aérea, hay terreno del municipio para hacerlo”, le dijo a SEMANA un funcionario de la alcaldía, quien pidió omitir su nombre. Pero no hay buen ambiente para la ampliación, menos para el cerramiento. “Es el proyecto más importante porque nos preocupa lo que pueda ocurrir”, dijo el secretario de Gobierno.

Hay un proyecto formulado desde 2023 ante la Aerocivil para el cerramiento por 6.500 millones de pesos, pero a fecha de hoy podría ascender a 8.000 millones. El Congreso aprobó un debate de control político contra la Aerocivil y lo liderará Esteban Quintero, senador del Centro Democrático.

El avión Hércules no se accidentó por la pista aérea, aclaró Petro en un consejo de ministros. No obstante, no es justo que los 30.000 habitantes estén ‘secuestrados’ en el pueblo. El aeropuerto funciona hasta las cinco de la tarde porque no tiene iluminación. Y a Puerto Leguízamo solo se ingresa por aire o por el río. Desde allí hasta Puerto Asís hay ocho horas y hasta la una de la tarde salen o ingresan las embarcaciones. El Ejército, la Policía, la Armada y la Fuerza Aérea utilizan el aeropuerto porque por los ríos Putumayo y Caquetá se exponen a las guerrillas y a los Comandos de Frontera.


“En Puerto Leguízamo es prohibido enfermarse”, repite el alcalde Luis Emilio Bustos. Si alguien padece una peritonitis después de las cinco de la tarde, corre el riesgo de morir. O un embarazo complicado. No hay ginecólogo, anestesiólogo, pediatra, cirujano. El 22 de octubre de 2022 –dos meses después de posesionado–, Petro llegó a Puerto Leguízamo y se reunió con los indígenas. Se comprometió con la construcción de la institución educativa José María Hernández –la más importante del pueblo– y no cumplió. El proyecto es de 45.000 millones de pesos por Findeter.
Tras la tragedia aérea, el país habló de Puerto Leguízamo, pero Petro solo se limitó a agradecer la valentía de sus pobladores, que, en medio de las llamas, rescataron soldados heridos en la catástrofe del Hércules.
