En esta contienda electoral, el centro no parece tener cabida. En este momento, ninguno de los candidatos que lo representa tiene opciones reales, según todas las encuestas, de pasar a la segunda vuelta. Y eso tiene tantas explicaciones como consecuencias.
En una entrevista con SEMANA, Alejandro Gaviria da su mirada sobre este fenómeno. “Creo que hay un cambio político de fondo en nuestro país. Hay un nuevo bipartidismo, si lo pudiéramos llamar de alguna manera”, sostiene.
Para el exministro y exrector de Los Andes, el país se ha dividido en dos fuerzas identitarias. “Las dos con un discurso nacionalista, no podría decir populista”, explica.

Gaviria lo ve incluso en un mapa, con una geografía muy clara. Una corriente, el Pacto Histórico, “el petrismo, en el suroccidente colombiano, en ciertas ciudades grandes, en los estratos socioeconómicos bajos”. La otra, la de la derecha, “apela a los valores tradicionales, a la Colombia de Antioquia, al Eje Cafetero y parte de Santander, que fue más tradicional. Bogotá como campo de batalla, y eso se está consolidando. Los partidos tradicionales, que todavía mantienen, sobre todo en la Costa Caribe, algunos bastiones importantes, están perdiendo espacio. Y, en esa nueva división de la política, va a ser más difícil la búsqueda de acuerdos”.
Vea la entrevista de Alejandro Gaviria con Cristina Castro:

El exministro lanza una alerta de lo que eso significa para Colombia y de los efectos casi que irremediables que tiene para el país caer en los extremos. “Esa división nos va a acompañar, no por cuatro años, sino por más de una década”.

Y lo que esta división le genera a la democracia, según Gaviria, tiene implicaciones profundas. “Lo que se puede perder es la capacidad de lo que me gusta llamar el reformismo democrático, el que cree en la superposición de reformas, no en la destrucción de todo y tampoco en la añoranza de un pasado. Y se puede perder la capacidad de colectivamente ir encontrando salidas para los problemas urgentes y cambiantes de la sociedad. Si eso pasa, vamos a llegar a una parálisis en la competencia de dos visiones ideológicas, no sé si llamarlas extremas, pero por lo menos irreconciliables. Vamos a perder mucho”.
Sobre estas elecciones, Gaviria hizo un apunte respecto a las críticas que suelen despertar los líderes políticos que no se encuentran en ninguna de las orillas. “El centro político es extraño, porque siempre se dice que el centro no existe, pero, cuando se empieza a definir la campaña presidencial, el centro comienza a existir. Sobre todo en una elección reñida como la que tenemos en Colombia. Y comienza hacia el centro, podría decir que —incluso—, una especie de chantaje, porque cualquier opción que tome el centro se va a pintar de una traición".
El exministro contó que se reunió con Juan Daniel Oviedo, pero que esa cita solo significa que han conversado y, por ahora, de ninguna manera que él vaya a adherir a la campaña. “Pero yo sí creo que Oviedo representa una parte de ese centro político”, agregó.
Contra el fanatismo

El exministro también hablo de su nuevo libro Contra el fanatismo. Narró que decidió escribir sobre ese tema porque “es la propensión que podemos tener todos de tratar de imponer nuestras ideas, de cerrarnos a otros puntos de vista, de no respetar éticamente a los que piensan distinto. Y, a pesar de que ha acompañado la historia de la humanidad por siempre, está especialmente acentuado en esta época”.
En su libro, Gaviria asegura que el papel de los aguafiestas en una fiesta es muy valioso porque son los que advierten cómo llega después de la resaca. Ante la pregunta de si él quiere tener ese rol frente al país hoy, el exministro respondió: “Le he tenido pereza y miedo a la demagogia. No me gusta disculpar ilusiones. No me gusta aferrarme a deseos vanos. Yo creo que la demagogia le hace daño a la sociedad, y los aguafiestas lo que señalan es que podemos cambiar de esta manera, pero nunca prometer lo que no se va a cumplir. Eso no le hace bien a nadie y menos a nuestra democracia”.

