Un equipo de científicos llevó a cabo un experimento sin precedentes en el Golfo de Maine, donde liberó cerca de 65.000 litros de hidróxido de sodio teñido de rojo. La prueba buscaba analizar una posible solución frente al calentamiento global y el aumento de la acidez en los océanos, dos de los problemas ambientales más urgentes.
La estrategia, denominada mejoramiento de la alcalinidad oceánica (OAE, por sus siglas en inglés), plantea que, junto con una reducción significativa de las emisiones contaminantes, podría contribuir a evitar que la temperatura del planeta supere los dos grados en comparación con la era preindustrial.

Además, ayudaría a contrarrestar la acidificación del mar, que ha alcanzado niveles no vistos en el último millón de años y representa un riesgo para los ecosistemas marinos y la pesca, según lo informado por el medio británico The Guardian, que cubrió los primeros resultados presentados en el AGU Ocean Sciences Meetingen Glasgow.
De acuerdo con los primeros resultados —aún pendientes de revisión científica— muestran que durante los cinco días de ensayo se logró capturar hasta 10 toneladas de carbono. Asimismo, el pH del agua intervenida aumentó de 7,95 a 8,3, acercándose a condiciones similares a las registradas antes de la industrialización.

El experimento se realizó a unos 80 kilómetros de la costa de Massachusetts, en una zona frecuentemente utilizada para la pesca de especies como bacalao, eglefino y langosta. Durante el desarrollo de la prueba no se evidenciaron afectaciones significativas en organismos como el plancton ni en las etapas larvales de peces y crustáceos. Sin embargo, los investigadores aclararon que no se analizaron posibles impactos en ejemplares adultos ni en mamíferos marinos.

Para monitorear el comportamiento de la sustancia en el agua, se utilizó un tinte que produjo una mancha rojiza visible durante aproximadamente cuatro días. Este recurso facilitó el seguimiento de su dispersión mediante herramientas tecnológicas avanzadas, incluyendo sensores autónomos y vehículos submarinos no tripulados, según detalló el oceanógrafo líder del estudio, Adam Subhas.
