Situado en la remota región sin carreteras del sureste de Alaska, el Parque Nacional y Reserva de Glacier Bay se consolida como uno de los lugares más remotos y exclusivos de este destino, conocido por sus más de 1040 glaciares, que cubren el 27 por ciento de su espacio, señala la prestigiosa revista de viajes National Geographic.
En este lugar, tal como lo destaca también la revista Travel + Leisure, imponentes glaciares y ballenas jorobadas comparten el paisaje con extensos bosques y majestuosas montañas. A ello se suma una presencia indígena milenaria y un acceso limitado, condiciones que en conjunto garantizan a los visitantes una experiencia auténtica, inmersiva y poco común.

Aunque es un parque que recibe a menos del 5 % de los visitantes de la región, quienes deciden aventurarse a explorarlo coinciden en que la experiencia vale totalmente la pena, especialmente para aquellos viajeros que buscan destinos tranquilos, alejados de las multitudes y con una conexión más íntima con la naturaleza.
¿Cómo llegar al Parque Nacional y Reserva de Glacier Bay?
El Parque Nacional y Reserva de Glacier Bay se encuentra localizado exactamente al oeste de Juneau, en el panhandle de Alaska y próximo a Gustavus y Bartlett Cove.
Debido a que no cuenta con carreteras de acceso, la única forma de llegar es por vía aérea o marítima. El servicio de ferry Alaska Marine Highway System ofrece traslados que duran entre cuatro y seis horas desde Juneau hasta Gustavus, con una frecuencia de dos a tres veces por semana durante la temporada de verano.

Como alternativa, existen vuelos de corta duración —entre 20 y 40 minutos— que conectan el aeropuerto internacional de Juneau (JNU) con el pequeño aeropuerto de Gustavus (GST), facilitando así el acceso a este remoto destino.
¿Cuál es la mejor fecha para visitarlo y qué hacer?
El mes de junio es considerado el momento más agradable para explorar el Parque Nacional y Reserva de Glacier Bay, gracias a sus temperaturas suaves, la llegada de aves migratorias y la floración que embellece Bartlett Cove.

Entre tanto, a partir de julio, aumenta la presencia de mosquitos, mientras que en agosto son más frecuentes las lluvias y la niebla, condiciones que pueden influir en la experiencia de los visitantes.
Para recorrer con calma cada rincón y apreciar plenamente su encanto, lo ideal es destinar al menos tres días. En el itinerario se pueden incluir actividades como excursiones, recorridos por casas comunales tradicionales y muestras de arte tribal en Bartlett Cove, así como jornadas de senderismo y observación de fauna, entre otras.
