Sin embargo, no todos aquellos que pidieron reformas son conspiradores, concedió el mandatario. Al-Assad reconoció que algunas de las protestas tenían demandas legítimas y dijo que ahora la cuestión era determinar qué reformas serían las mejores para el país. El mandatario mostró, además, su apoyo a la población de la ciudad sureña de Deraa, el lugar dónde se registraron las mayores manifestaciones y afirmó que se habían dado instrucciones claras de no atacar a los civiles. Sin embargo, Al-Assad no anunció, como se había especulado, el fin de las leyes de emergencia, que han estado vigentes en el país durante cinco décadas.