Hace más de 60 años, en un olvidado territorio conocido como Marquetalia, en Tolima, se atrincheraron unos 50 hombres que se rebelaron contra el Estado ante la rampante desigualdad en la que vivía el país por aquella época. Fruto de esta ‘semilla’ rebelde nació posteriormente la guerrilla de las Farc, cuyo principal objetivo era tomarse el poder y llegar a ser gobierno.

Ahora, más de seis décadas después y con cerca de 450 mil muertos en el camino producto del conflicto armado, lo lograron: serán gobierno. Pero no por la equivocada y perversa vía armada en la que insistieron por años sino por la ruta de la democracia.

El Partido Comunes, producto de la desmovilización de las antiguas Farc, cuyos líderes transitaron de las armas a la política, se declarará partido gobierno y hará parte de la coalición del presidente electo Gustavo Petro.

En la coalición les permite tener representación en el Ejecutivo, aunque no es seguro que el nuevo presidente les vaya a dar representación en el gabinete o en alguna institución clave del Estado, pues está claro que esto tiene un costo político alto para cualquier mandatario, pero el hecho de estar en la bancada de Petro los pondrá en una posición mucho más relevante e incluso podrán asistir a la Casa de Nariño cada vez que el jefe de Estado reúna a sus congresistas aliados.

De hecho, el partido anunció que ya designó un “equipo de compromisarios” para que se reúnan con los demás partidos para negociar las mesas directivas del Congreso en los próximos cuatro años. Por ahora, es difícil que les den la presidencia del Senado o de la Cámara en los próximos cuatro años, pero sí aspiran a dirigir alguna de las comisiones constitucionales que tiene el Congreso.

Tener a un exFarc al frente de una comisión sería un hecho histórico, pues el presidente es el encargado de definir el orden del día y tiene la capacidad de frenar o acelerar proyectos.

Es decir, uno de los líderes de la desaparecida guerrilla que hace seis años estaba en el monte con el fusil al hombro, ahora estaría dirigiendo a otros congresistas y decidiendo desde el parlamento qué proyectos se discuten.

Estar en la coalición también les permite que sus proyectos sean tenidos en cuenta. Hasta el momento, el Partido Comunes, a pesar de llevar cuatro años en el Congreso, no ha logrado aprobar ningún proyecto de su autoría. Pero al ser de la coalición del presidente, muy seguramente podrán sacar adelante sus iniciativas.

En un comunicado divulgado en sus redes sociales, el partido anunció que pondrá “a disposición de la bancada de gobierno” una serie de proyectos, entre los que están la reforma rural integral y el fortalecimiento de la sustitución de cultivos ilícitos.

Eso sí, ahora que tendrán un papel más relevante en la política, los exFarc tendrán que dejar atrás ese discurso radical con el que llegaron al Legislativo y que no les ha permitido brillar en el Congreso.

La excandidata presidencial Ingrid Betancourt, quien estuvo secuestrada por las Farc, en su reciente libro Una conversación pendiente, puso el dedo en la llaga. Lo consideró un partido poco innovador. “Su expresión política está anquilosada. No se han sintonizado con esta nueva era, ni el aire fresco que entró al Congreso. Tampoco han encontrado un nuevo lenguaje que los saque mentalmente del monte”, dijo. Lo que afirma Betancourt es cierto, y eso les ha costado políticamente.

En el Congreso, por ejemplo, no han logrado ganarse un espacio importante, los demás partidos los tienen en cuenta a la hora de sumar votos, pero no necesariamente para exhibirlos en público. Pareciera que no lograron quitarse el estigma de su vida en la selva.

”Están aferrados al pasado, tratando de justificar sus decisiones de guerra, en vez de concentrarse en proponer para el futuro”, remató Betancourt.

”Yo no creo que se hayan desmovilizado psicológicamente… Ellos se prepararon para evitar que los mataran y los capturaran, no para gobernar en democracia”, afirmó el analista Rodrigo Pombo.