La amenaza de una confrontación nuclear fue el eje alrededor del cual giró la política mundial durante los años de la Guerra Fría. Pero en ninguna parte del mundo se vivió con tanta obsesión como en Estados Unidos. El propio gobierno de Washington estimuló el crecimiento de una paranoia atómica por la cual se gastaron miles de millones de dólares en el despliegue de armas, la preparación de la gente y la construcción de refugios públicos y privados. Pero la dimensión del riesgo que se corrió sólo se ha venido a conocer a medida que los documentos históricos han salido del secreto. La última revelación corrió por cuenta de la revista Bulletin of the Atomic Scientists, una publicación que nació en 1947 bajo el padrinazgo, entre otros, de Albert Einstein. La revista, dedicada a la divulgación del peligro nuclear, consiguió mediante una demanda de libertad de información que el Pentágono le entregara un documento titulado "Historia de la custodia y despliegue de armas nucleares; junio 1945 a septiembre 1977". Ese texto viene a confirmar que en su esfuerzo por mantener una fuerza disuasiva Washington inundó el mundo entero de bombas atómicas. La deducción inevitable es que la Casa Blanca sabía muy bien los riesgos que corría y por eso propició en su pueblo una obsesión que no se repitió en ninguna parte del mundo. El documento revela que la distribución mundial de las bombas comenzó el 11 de junio de 1950 cuando el presidente Harry Truman autorizó el traslado de 89 ensambles prenucleares a Gran Bretaña. En esa época las bombas constaban de un componente nuclear, la 'cápsula' y esos ensambles no nucleares, compuestos por 5.000 libras de potentes explosivos, todo lo cual se armaba a bordo del avión en ruta hacia su objetivo. En el traslado a la isla de Guam, en junio de 1950, un bombardero B-52 se estrelló al aterrizar con uno de esos ensambles a bordo y la explosión se sintió a 50 kilómetros. Si ese accidente hubiera tenido lugar unos meses después, cuando se estrenaron nuevas bombas de una sola estructura, el desastre hubiera sido catastrófico. En ese mismo año un incidente similar tuvo lugar en Canadá.El documento contiene múltiples revelaciones espeluznantes. Por ejemplo, que varios países nunca supieron que en su suelo había armas nucleares norteamericanas, como Puerto Rico, Cuba (Guantánamo) y Francia. Otras, como Dinamarca y su colonia Groenlandia, e Islandia, tenían una política oficial declaradamente antinuclear y sin embargo fueron bases atómicas sin saberlo. En otro aparte se sabe que, durante los primeros años de los 'Programas de cooperación' (por los cuales los países receptores asumían algún manejo de las bombas), los controles eran increíblemente laxos. Durante años, por ejemplo, las bombas atómicas quedaban bajo control de los pilotos de Alemania Occidental cuando estaban en bajo estado de alerta.