Bancos ¿bajarán las tasas?

La reforma financiera más importante de los últimos diez años, las fusiones y la entrada de nuevos competidores le cambiarán la fisonomía a la banca.

4 de marzo de 2005, 12:00 a. m.

"Le hemos insistido mucho al gobierno -y seguiremos haciéndolo- en que es cierto que el sistema financiero colombiano es sólido y está bien regulado, pero todavía hay problemas de margen de intermediación, que no son solo una consecuencia de la competencia en el sector -aunque lo son-, sino también de una política presupuestaria, de asignación obligatoria de recursos a sectores concretos". Las palabras de Rodrigo de Rato, director gerente del Fondo Monetario Internacional, en su reciente visita a Bogotá, son muy importantes. Desde 1999, cuando Colombia suscribió un acuerdo con el FMI como única alternativa para mantener su acceso al mercado internacional de capitales, los mensajes de la entidad se leen línea por línea, buscando el verdadero significado de lo que se dice y, entre líneas, lo que se deja de decir. Hasta ahora, las comunicaciones del Fondo habían seguido un guión bastante predecible, concentrado en la necesidad de ajustar las cuentas fiscales y reducir la deuda pública. Poco se había referido el Fondo a nuestro sistema financiero, salvo para reconocer el buen manejo que le permitió superar la crisis de finales de los 90.

Por este motivo, el mensaje de De Rato tiene grandes implicaciones. En un lenguaje que no deja lugar a dudas, el FMI les anuncia a las autoridades económicas colombianas una tarea nueva: revisar la amplia diferencia entre las tasas de interés que las entidades financieras pagan por sus recursos y las tasas que cobran al público por sus préstamos. Es demasiado elevada. El Fondo escoge dar prioridad al asunto, además, porque ve una estrecha relación entre este margen y las posibilidades de crecimiento económico del país.

El tema aparece en un momento crucial para la banca nacional. Los intermediarios de crédito ganaron el año pasado $2,9 billones, la cifra más alta de toda la historia y señala la superación definitiva de la crisis financiera de 1998. El sector financiero se ha visto afectado por una ola de compras y fusiones de entidades que está cambiando aceleradamente su fisonomía.

Alberto Carrasquilla, ministro de Hacienda, prepara la reforma financiera más importante de los últimos 10 años, que acercará al sector financiero colombiano al sistema de 'banca universal', que les permite a los bancos ofrecer directamente todos los servicios, desde cuentas de ahorro hasta inversiones en bolsa.

La reforma que plantea el ministro Carrasquilla permitirá a las entidades un mayor radio de acción, que será mejor aprovechado por las más grandes. Pero, ahora, las palabras del director del FMI abren una nueva perspectiva. De Rato lo insinúa: los elevados márgenes pueden deberse a falta de eficiencia y competencia en el sector. Esto puede ser una causa importante de la estrechez del canal crediticio en Colombia, pues el acceso de la población al crédito es particularmente bajo.

Ante esta perspectiva, cabe preguntarse si la reforma financiera que está planeando el ministro Carrasquilla aportará a la solución del problema o si lo dejará intacto. No tendría mucho sentido dejar a un lado un tema que, tras el anuncio del director del FMI, estará en el punto de mira internacional sobre el país en los próximos años.



Los márgenes

Los márgenes (o spreads, en inglés) muestran lo que le cuesta a la economía convertir ahorro financiero en crédito, y en ese sentido son una medida de la eficiencia del sistema financiero. En un crédito de consumo en Colombia, por ejemplo, quien toma un crédito paga 25% anual, cuando la inflación es de 5,5%, lo que implica una tasa real de 18%. Incluso en un crédito corporativo, las grandes empresas pagan 11,7%, es decir, 4,1 puntos porcentuales por encima de la tasa de captación con CDT, y 5,8 puntos por encima de la inflación.

Estos márgenes son altos. En un reciente informe, el Banco Interamericano de Desarrollo mostró la clara relación entre márgenes de intermediación elevados y baja penetración del crédito en la economía de América Latina (ver gráfico). Colombia está entre los países con mayores márgenes, solo superado, entre las grandes economías de la región, por Venezuela y Brasil. También hay una fuerte relación entre altos márgenes y altos costos administrativos. El BID muestra cómo, en toda América Latina, los sistemas financieros de Venezuela y Colombia tienen los costos administrativos más altos.

De acuerdo con el análisis del BID, el tamaño del margen de intermediación es consecuencia de 5 factores: la eficiencia y el poder de mercado del sector bancario; el riesgo de incumplimiento en el pago de los préstamos; los riesgos de liquidez, de tasa de cambio y de otra índole; la reglamentación; y los impuestos.

Lo anterior implica que el tema está abierto a polémica, pues unos factores dependen de los banqueros, otros dependen del gobierno y otros del estado de la economía.

La marcha de la economía es favorable. La calidad de la cartera ha mejorado sustancialmente y la revaluación del peso crea un entorno en el cual los banqueros no necesitarían defender sus captaciones con tasas altas, para luego cargarlas a los consumidores en los costos de los préstamos. De hecho, Rodrigo de Rato dijo que el sistema financiero colombiano debería trasladar a los consumidores el efecto benéfico de la revaluación. "Una de las ventajas claras de una moneda fuerte es la posibilidad de tener una financiación más barata, y esa financiación tiene que llegar a todos".

El debate se centra en las responsabilidades que tienen los banqueros, por la eficiencia y el manejo del poder de mercado, y el gobierno, por los impuestos y las regulaciones.

Los banqueros argumentan que han mejorado su eficiencia. Los costos administrativos como porción de los activos bajaron de 6,5% en 2000 a 5,5% en 2004. Además, muestran que la tasa implícita activa (ingresos por intereses / cartera total) bajó de 16,2% en enero de 2003 a 14,8% en diciembre de 2004. Sostienen, por último, que los impuestos al débito bancario, las inversiones forzosas, el crédito dirigido, los topes a las tasas de interés y los encajes son costos que impiden mayores recortes en los márgenes. Citan un estudio de Fedesarrollo que muestra cómo los costos de la regulación a los bancos entre 1999 y 2004 podrían valer $4,3 billones, el equivalente a 2,9% del PIB.

La Asociación Bancaria, manifiesta además que los bancos pagan una tasa efectiva de impuestos del 52% sobre las utilidades brutas, en tributos de renta, patrimonio, al débito bancario y en gravámenes locales y asegura que es el sector que más impuestos paga después del petrolero.

María Inés Agudelo, viceministra técnica de Hacienda, reconoce que el impuesto a las transacciones financieras y las inversiones forzosas se deben desmontar, siempre y cuando las condiciones de las finanzas públicas lo permitan. Aunque no es prioritario, otros analistas observan que es un buen momento para desmontar los encajes, una herramienta sin mayor utilidad en el manejo monetario actual y que impone costos financieros y de administración innecesarios.

Por el lado de los impuestos sobre el sector financiero, entonces, todos están de acuerdo en que deben bajar y en que tributos como el del 4 x 1.000 son nefastos para la economía. Sin embargo, solo se reducirán en la medida en que haya margen en las cuentas fiscales.

En cuanto a las decisiones que están en manos del sector privado, en cambio, es más difícil llegar a una medición específica. Como argumentan los banqueros, algunos indicadores de tasas activas muestran una tendencia descendente. Sin embargo, como lo dijo el director del FMI, el margen no está del todo explicado por las inversiones forzosas y las demás obligaciones legales. Desde este punto de vista, los bancos podrían reducir los márgenes de intermediación. La pregunta ahora es si la reforma del sector financiero que planteará el ministro Carrasquilla ayudará a mover a los bancos hacia una reducción de las tasas que cobran por los préstamos.



La banca universal ya empezó

La tendencia hacia bancos más grandes, que ofrecen una amplia variedad de productos financieros, viene con fuerza en el mundo y la intermediación financiera se está concentrando en menos entidades. Según la Asobancaria, los activos de los 20 mayores bancos del planeta pasaron de ser el 20% del PIB de las 13 economías más desarrolladas en 1980, a 67% en 2003.

Una reforma orientada hacia la universalización de la banca buscaría actualizar la ley colombiana frente a estas tendencias globales, pues solo se ha avanzado gradualmente en este sentido. Hasta 1990, la ley forzaba a los bancos a operar en un esquema

de entidades especializadas, en el cual las cor-

poraciones financieras prestaban a la industria, las de ahorro y vivienda a construcción, las compañías de financiamiento al comercio. En 1992, la ley dio paso a otro modelo, con grupos financieros centrados en un banco matriz, que podían prestar la mayoría de los servicios por medio de filiales. Es un paso intermedio entre la banca especializada y la banca universal.

La reforma que aparece ahora será el paso definitivo que permitirá a los bancos hacer operaciones fiduciarias, de carteras colectivas y de leasing, aunque parece improbable que les incorporen negocios de seguros, pensiones y otras ramas de seguridad social.

Esto, en cuanto a la ley. Sin embargo, la tendencia hacia bancos más grandes y universales avanza en los hechos desde hace tiempo. Los bancos matrices colombianos fueron recogiendo funciones de sus filiales y hoy están cerca de ser bancos universales. Algunos, como el Grupo Social, centralizaron las compras a proveedores y las mesas de dinero, con la intención de reducir costos. Otros, como el BBVA, Bancolombia y Citibank, avanzaron más hacia la banca universal.

Además, los bancos se comprometieron en un proceso de consolidación. Mientras en 1994 había 136 entidades financieras en el país, en este momento hay 58 y el número se reducirá con las fusiones de Bancolombia, Corfinsura y Conavi; Banco Caja Social y Colmena; Banco de Occidente y Banco Aliadas; Banco Sudameris y Banco Tequendama; y Banco Davivienda y Banco Superior. Los gastos administrativos de las entidades que se fusionarán valen $2,9 billones por año, lo que indica el potencial de ganancias en eficiencia que ellas implican.

El proceso, por lo demás, aún no termina. Las movidas de los bancos extranjeros mantendrán a todos en la expectativa. Franco Moccia, presidente del Citibank en Colombia, le dijo a Dinero que por ahora están concentrados en crecer orgánicamente (es decir, sin compras), pero afirmó a renglón seguido que siempre están abiertos a las alternativas que les ofrezcan posibilidades de crecimiento. Por su parte, la fusión de Bancolombia le permitiría acomodar un inversionista extranjero en la propiedad de la entidad, de la misma forma en que ya lo hizo el Grupo Empresarial Antioqueño en alimentos y seguros, y como posiblemente lo hará en cemento.

Por otra parte, hay jugadores que no están en las grandes ligas, pero que pueden tener papeles importantes en Colombia. Alberto Vallarino, dueño del Banistmo, e Isaac y Jaime Gilinski, del Sudameris, están en este grupo. El Banistmo es un banco fundado en 1984, con US$6.200 millones en activos, que quiere llegar a US$10.000 millones en 20 años. Con oficinas en Costa Rica, Honduras y Nicaragua, compró el Lloyds en 2004 con la intención de expandirse en el mercado colombiano. Estos recién llegados saben que la recesión de finales de los 90 redujo la cartera como porcentaje del PIB en Colombia, de 40% a niveles cercanos a 20%, lo cual señala amplias posibilidades de crecimiento en esta actividad. La bancarización -el volumen de transacciones que se hacen por el sistema financiero formal-, es reducida para los estándares latinoamericanos, lo mismo que el uso de medios modernos de pago, como home banking y otros canales electrónicos. Estos indicadores muestran que hay espacio para que los nuevos jugadores impriman mayor dinámica al mercado.

Por eso, Banistmo y Gilinski se pueden sentir tentados a continuar su empeño comprador. Además, habría espacio para otros como el Banco Azteca, experto en crédito de consumo y con fenomenales tasas de crecimiento en Centroamérica.



¿Más competitividad?

Entre los observadores colombianos, sin embargo, hay escepticismo respecto a la idea de que la entrada de nuevos jugadores se refleje en reducciones en las tasas y mayor acceso al crédito para pyme y personas naturales. Esta actitud es consecuencia de lo ocurrido en los años 90, cuando la llegada de los bancos españoles no tuvo estos efectos, a pesar de múltiples anuncios que se hicieron en su momento respecto a que esto ocurriría. Muchos creen que los grandes jugadores se acomodan rápidamente a unas condiciones de poca competencia, en las que no hace falta reducir tasas en montos sustanciales o abrir nuevos frentes importantes en el mercado. Una interpretación más favorable diría que los internacionales no tuvieron tiempo de aplicar sus planes en el país, pues se atravesó la crisis de finales de la década pasada, de modo que solo ahora, cuando ha vuelto la normalidad, se medirán sus posibilidades reales.

Los recientes estudios internacionales sobre sistemas financieros en el mundo ofrecen algunas lecciones para guiar la reforma colombiana hacia la universalización, si bien dejan también amplios espacios donde no hay resultados concluyentes.

Por un lado, los estudios muestran que la mayor concentración de bancos no implica una reducción en la competencia. Se está observando en el mundo que la reducción en el

número de entidades no permite conseguir unos beneficios extraordinarios, siempre y cuando se mantengan abiertas las puertas a la entrada de nuevos jugadores. Los bancos no podrían aprovechar ventajas de oligopolio, pues tan pronto decidieran hacerlo atraerían a nuevos actores que les disputarían esos beneficios (la teoría llama este comportamiento "mercado contestable").

A su vez, la universalización permite mayor eficiencia. No se trata de hacer ventas cruzadas de productos (CDT para cuentacorrentistas, o fiducia para ahorradores), sino que se avanza hacia un planteamiento de ofertas integrales de valor, que implican una forma de actuar muy distinta. "Se requiere un muy buen conocimiento del mercado, de los riesgos, de la administración de los clientes y del pricing para ofertas por segmentos", explica Elsa Patricia Manrique, vicepresidenta del Banco Caja Social. La banca universal reduce los costos de operación y permite ofrecer servicios más completos a los clientes, con lo que se baja el costo de búsqueda y el de transacción para la economía. Adicionalmente, diversifican el riesgo en más sectores y tipos de operación. En términos generales, los estudios internacionales tienden a dar apoyo a la idea de que bancos más grandes son también bancos más eficientes.

Sin embargo, sobre el punto crítico de acceso al crédito, la evidencia internacional no es concluyente. Algunos estudios muestran una relación positiva entre concentración y acceso, mientras otros revelan lo contrario. Es posible, entonces, que el movimiento hacia bancos más grandes no implique un mayor acceso al crédito para quienes han carecido de él.

El momento actual debería ser bueno no solamente para avanzar en una nueva reforma financiera, sino también para acompañarla por medidas que se necesitan para resolver el cuello de botella del canal crediticio en Colombia. Los bancos disfrutan de buena salud y el buen desempeño de la economía lleva a que la gente tenga de nuevo la motivación de endeudarse. Hay entidades extranjeras interesadas en invertir en el país. El inminente TLC, además, implica que se reforzará la apertura del sector.

Una reforma financiera debería servir para enviar un mensaje fuerte al mundo, respecto a la apertura del sistema financiero colombiano y las garantías ofrecidas a todas las entidades para brindar su portafolio de servicios. Debería estar acompañada por decisiones del gobierno que retiren obstáculos críticos a la eficiencia bancaria, como el impuesto del 4 x 1.000, pues así tomaría verdadera credibilidad política la idea de que Colombia busca expandir rápidamente el acceso al crédito. Habría que aprovechar la coyuntura para estimular a las entidades para acelerar la aplicación en Colombia de modelos de negocio bancario que capitalizan sobre el acceso real de las pyme al crédito.

En suma, sería el momento para llevar a las entidades financieras a demostrar hasta dónde llega su capacidad para comportarse como entidades modernas. Si la nueva oleada de interés de las entidades financieras internacionales por Colombia coincide con un período de estabilidad económica, los años que vienen podrían ser altamente productivos a la hora de abrir el acceso al crédito barato para más colombianos.