En 1991, Estonia, un pequeño país de 50.000 kilómetros cuadrados que limita con el mar Báltico, se separó de la Unión Soviética en medio de un tenso reacomodo geopolítico mundial que también se tradujo en el fin de la Guerra Fría.Este pequeño país nació sin dinero, sin tecnología y sin instituciones. Tuvo que arrancar de cero y por tal motivo echó mano del talento humano especializado en números y criptografía.