Desde el inicio de la escalada bélica entre Estados Unidos/Israel e Irán, el petróleo Brent se ha encarecido entre un 40 % y un 60 %, superando los 100 dólares por barril en algunos momentos. Esto como consecuencia de las tensiones actuales y el riesgo de posibles interrupciones en el suministro.
En la consultora Oxford Economics estiman que el choque de precios del petróleo podría ser mayor y llegar a 140 dólares por barril en abril, pero creen que sería temporal y que luego volvería a bajar, aunque se mantendría por encima de los 80 dólares por un buen tiempo.

Aunque América Latina sería de las regiones del mundo menos afectadas, no será inmune al aumento de los precios globales y las respuestas de política pública serán mixtas. “Países como Colombia y México tienen más probabilidades de subsidiar el choque, mientras que Brasil probablemente traslade la mayor parte del aumento a los precios internos. Chile y Perú, ambos importadores netos de gasolina, podrían optar por una estrategia intermedia, amortiguando solo parcialmente el alza para reducir la presión sobre las finanzas públicas”, sostienen los expertos de Oxford.
En el caso particular de Colombia, los expertos de Oxford Economics indican que, pese a una posición fiscal muy deteriorada, el periodo electoral genera incentivos para mantener los votantes contentos, lo que implica que se buscaría amortiguar el golpe de un petróleo más costoso.

Su estimación es que probablemente el país subsidie el precio del combustible para el transporte público y parcialmente el del sector privado. No ayudaría en los costos de la gasolina para el resto de los consumidores, ni en los precios de la electricidad.
Recientemente, en su cuenta de X, el presidente Petro fue enfático en señalar que no habrá subsidios a la gasolina como consecuencia de la guerra en Irán. Por el contrario, advirtió que si el precio internacional del petróleo continúa al alza, este incremento se trasladará al mercado colombiano. No obstante, precisó que el subsidio al diésel se mantendrá, pero exclusivamente para el transporte de carga, con el objetivo de evitar mayores impactos en la logística y en los costos de los bienes.

“Es un costo fiscal que van a asumir en Colombia y que se trasladaría al año que viene, pues independientemente de quién llegue al poder, no es probable que haya una mejora de las finanzas públicas considerable al cierre de 2026″, dijo Joan Domene, Chief LatAm economist de la consultora británica.
Como resultado, subieron su expectativa de déficit global para Colombia de un 6,6 % a un 7 % para este año. El incremento no es mayor por el efecto positivo de aumento del precio del petróleo en las exportaciones del país.
