La periodista de SEMANA, Salud Hernández-Mora, llegó hasta el estrecho de Ormuz para mostrar desde el terreno el impacto de una crisis que tiene en vilo al comercio mundial. Su conclusión es tajante: “Donald Trump se lanzó a una guerra de manera improvisada”.
“Hasta un niño de kínder habría sabido” que Irán podía responder golpeando el punto más sensible del planeta, advierte la periodista, al referirse al paso por donde circula cerca del 20 % del petróleo y gas global. Hoy ese corredor estratégico está bajo presión tras la colocación de minas y el control del tránsito marítimo.
Desde Emiratos Árabes Unidos hasta la península de Musandam, en Omán, Hernández recorrió una zona marcada por restricciones y advertencias. “Dicen que es zona de guerra”, relata Hernández. Sin embargo, lo que encuentra contrasta con ese discurso. “Apenas se ven militares, ni signo alguno de conflicto”, asegura.

El impacto real se siente en la economía local. En Khasab, una ciudad que vive de la pesca y el turismo, la actividad se detuvo casi por completo. “Esta ciudad vive de la pesca y del turismo”, explica la periodista de SEMANA, pero hoy no hay visitantes y los pescadores no pueden salir. Los habitantes, agrega, quedaron “de brazos cruzados”.
Frente a ella, el mar parece tranquilo, pero la calma es engañosa. El estrecho de Ormuz, de apenas 39 kilómetros en su punto más estrecho, está bajo control iraní. “Solo dejan pasar unos pocos barcos”, advierte, cuando antes circulaba más de un centenar cada día.

El impacto ya se siente a escala global. “Los cierres dispararon el precio del crudo, hundieron las bolsas”, afirma Salud Hernández. La presión energética empieza a trasladarse a otros sectores, desde fertilizantes hasta alimentos.

En medio de ese escenario, la periodista deja una frase que resume la magnitud de la crisis. Irán tiene hoy “la llave de la paz y la guerra”.
Salud Hernández también pone en duda el rumbo de Washington. Donald Trump mantiene “un lenguaje que nadie entiende muy bien”. Habla de negociación mientras mueve tropas hacia la zona. Una eventual intervención, sostiene, sería “una misión imposible” y podría terminar en “una auténtica carnicería”, en un terreno que favorece a los iraníes.
Mientras tanto, en las orillas del estrecho, la incertidumbre se concentra en una palabra que, según describe la periodista de SEMANA, se repite entre sus habitantes: “Inshallah”. Con esa expresión, muestra la esperanza de que la cordura se imponga antes de que este punto clave del comercio mundial desate una crisis aún mayor.

