Con la fecha límite para la adopción de una nueva ley presupuestaria acercándose rápidamente, ninguna de las cámaras del Congreso estadounidense, ya sea el Senado, controlado por los demócratas, o la Cámara de Representantes, en manos de los republicanos, ha logrado llegar a un acuerdo.
La actual ley presupuestaria está programada para expirar en la noche del viernes 17 al sábado 18 de noviembre, planteando una inminente amenaza de parálisis gubernamental.

En caso de que no se alcance un acuerdo antes de la fecha límite, la mayor economía del mundo enfrentaría consecuencias significativas. Cerca de 1,5 millones de funcionarios públicos se verían afectados por el desempleo técnico debido al impago de salarios, generando una disrupción masiva en la fuerza laboral gubernamental.
Además, el tráfico aéreo experimentaría perturbaciones, lo que afectará no solo a los viajeros, sino también a la industria de la aviación en su conjunto. La imposibilidad de llegar a un consenso también tendría un impacto directo en los visitantes de parques nacionales, quienes no podrían acceder a estos sitios emblemáticos, generando frustración y afectando la economía local asociada al turismo.
El fantasma de un shutdown, como se conoce en Estados Unidos a esta parálisis presupuestal, vuelve a acechar.
Costo político
Los legisladores no quieren en general que esta situación, extremadamente impopular, se produzca. Las últimas negociaciones sobre este asunto, a finales de septiembre, generaron un caos en el Congreso.
Legisladores partidarios del expresidente Donald Trump, furiosos porque el entonces presidente republicano de la cámara baja, Kevin McCarthy, alcanzó un acuerdo de último momento con los demócratas para evitar el shutdown, lo destituyeron. Fue la primera vez en la historia que eso ocurría.
Luego les tomó tres semanas a los republicanos definir un nuevo ‘speaker’, como se conoce al mandamás de la cámara. Durante ese tiempo el Congreso no pudo adoptar ley alguna, y entonces se produjo otra parálisis, esta vez legislativa.

El nuevo presidente de la cámara, Mike Johnson, un desconocido para el público, tiene poca experiencia en las altas esferas republicanas y trata de amoldarse al puesto. Aún no se pronuncia sobre los pasos que pretende dar si busca evitar un cierre de servicios públicos que afectaría a la población.
Deberá negociar con un puñado de partidarios de Trump, adeptos a la ortodoxia fiscal, esto es, muy estrictos en materia de gasto; y también con demócratas que rechazan que la política de gasto público del país sea dictada por escuderos del exmandatario que busca volver a la Casa Blanca.

La necesidad imperiosa de evitar una parálisis presupuestal, según el veterano líder demócrata del Senado, Chuck Schumer, radica en la cooperación bipartidista. Schumer enfatizó la importancia de que tanto demócratas como republicanos aprendan de los desafíos enfrentados hace apenas un mes, instando a los republicanos a reflexionar sobre las lecciones extraídas de aquel episodio.
La tendencia a resolver este tipo de problemas en el último minuto es moneda corriente; sin embargo, las profundas divisiones en el Congreso complican rápidamente las negociaciones. La incertidumbre en torno al presupuesto se convierte en un juego de alto riesgo, donde las posturas políticas se enfrentan de manera intensa y las concesiones se vuelven difíciles de alcanzar a mediano-corto plazo.

La historia reciente marca el episodio de la parálisis presupuestaria más prolongada, ocurrida en 2018 durante el gobierno de Trump, un recordatorio contundente de los peligros y consecuencias que pueden derivarse de la falta de acuerdos.

*Con información de la AFP.
