OPINIÓN

Maria Paula Castro Fernández

María Jimena Duzán lee su columna "¿Y Colombia qué?"

La columnista de Semana hace un llamado de atención a Iván Duque, al plantear que el presidente colombiano ha enfocado todos sus esfuerzos en terminar con el régimen venezolano pero ha dejado a la democracia y a la población de su país en un segundo plano de su agenda.
3 de marzo de 2019 a las 6:57 p. m.

Es ético que a Duque le indigne que en Venezuela Nicolás Maduro esté coartando la libertad de expresión de la oposición y se estén volando los derechos humanos.Las dictaduras sean de izquierda o de derecha son igualmente oprobiosas. Lo que sí resulta totalmente desproporcionado y poco ético es que se preocupe tanto por restaurar la democracia en Venezuela cuando hace tan poco por fortalecer la nuestra.  

Mientras él se dedica a buscar aliados para intensificar el cerco diplomático en contra del “usurpador”, aquí se alía con el desprestigiado fiscal NHM para cercar a la JEP, la espina dorsal del acuerdo de paz. Tiene a todos sus funcionarios volcados en el tema de la ayuda humanitaria a Venezuela, pero su Gobierno ha recortado el presupuesto para reparar a las 8 millones de víctimas que dejó el conflicto. De pronto se volvió más importante en los noticieros sacar los informes diarios sobre el número de soldados venezolanos que han decidido traicionar a Maduro –objetivo del cerco diplomático- que los informes del Dane que revelan cómo el desempleo subió al 12,8 por ciento en enero de este año.

Habla de democracia para Venezuela, pero margina en su agenda las reformas rurales que tenían por objeto profundizar la democracia en Colombia y solucionar los problemas de equidad entre la periferia y el campo.     

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